Recibo en mi casa un paquete que viene sin remitente. Cuando se va el cartero lo desenvuelvo. Contiene una caja cerrada y en su exterior un sobre con una nota. La leo.
"Hola. No abras ahora el paquete. Lo harás el sábado a las siete de la tarde. Antes deberás cumplir el resto de órdenes que aquí te dejo. El sábado, a las ocho de la tarde irás al cine. Lo harás en la sala cuatro del centro comercial.. Te quiero con falda, discreta pero atractiva. Como ropa interior llevarás sólo lo que va en el paquete. Recuerda, no debes abrirlo hasta el sábado."
Hoy aún es miércoles y miro ansiosa la caja, pero la guardo en el armario sin abrirla. ¿Quién me enviará ese paquete? ¿Cómo sabe mi dirección? Esas preguntas me rondan toda la semana. Tampoco estoy decidida a asistir. Pero el paquete sigue cerrado en mi armario. Todas las noches lo miro, lo toco, pero no lo abro.
Llega el día. Son casi las siete cuando salgo de la ducha. Saco el paquete del armario y lo abro con ansiedad. Dentro hay otros dos paquetes envueltos en papel de regalo y un pequeño sobre. En el sobre hay una entrada para el cine. La sesión es numerada y deberé sentarme en la butaca que él ha elegido para mi.
Abro el primer regalo. Pone un 1 en su exterior. Ante mi aparece un hermoso corsé. No tardo en ponermelo. Sin duda él conoce mi talla. Al ponérmelo siento como me comprime y se ajusta a mis tetas, apretándolas. Voy tirando de las cintas y noto que me aprieta hasta casi cortarme la respiración. Hacerlo me excita. Cuando termino, me miro en el espejo me veo bonita, atractiva.
Mi cintura ceñida por el corsé acentúa aún más el tamaño de mis tetas, que ahora lucen encerrados en la tela que los comprime y los empuja hasta casi hacerlos rebosar por arriba. Así mi escote es espectacular.
No puedo esperar más y abro el segundo paquete. Hay un vibrador y una nota. La leo.
"Colócatelo en tu coñito, ajusta bien las correas y vete al cine. Es un consolador con mando a distancia. Como podrás comprobar el mando a distancia no está en el paquete. ¿Quién lo tendrá? Eso no lo sabrás. Solamente cuando notes que se pone en funcionamiento sentirás que estoy está cera, muy cerca, a menos de veinte metros. Si no el consolador no funcionaría. Cuando lo notes funcionar no me busques. Acepta el funcionamiento y espera. Que disfrutes de la película".
Me lo pongo de inmediato, casi sin pensarlo. Lo siento entrar en mi coñito. Lo hace sin dificultad. Estoy mojada de la excitación que todo esto me produce. Acabo de vestirme. Me doy un último vistazo en el espejo, me encantan mis tetas dentro de ese corsé. Cojo el bolso, meto dentro la entrada del cine y salgo a la escalera. Mientras bajo, el consolador se hace presente dentro de mi coño, mojándolo, excitándome.
Cuando llego a la calle, camino en dirección al centro comercial. El aire fresco se cuela bajo mi falda hasta mi coño desnudo. Avanzo ligera, no quiero detenerme, me gusta la sensación. Me excita todavía más.
Llego al centro comercial. Traspaso la puerta giratoria y avanzo por los pasillos atestados de gente. Voy directamente hacia las salas de cine. Están en la última planta. Cojo las escaleras mecánicas y mientras subo, observo. De pronto, el consolador se pone en marcha y doy un respingo.
Siento que el calor me sube a la cara y temo que los demás se den cuenta de lo cachonda que estoy. Miro a mí alrededor y nadie parece darse cuenta de nada. Casi de inmediato el consolador se detiene de nuevo. Ha sido apenas un instante. Pero lo suficiente para hacerme saber de que mi misterioso amante está allí.
Por más que busco no veo a nadie que delate su condición. Cuando la escalera llega arriba estoy nerviosa y sofocada. El sudor moja mi piel y me quito el abrigo. Al hacerlo, noto que la ropa pegada a mi cuerpo, como se marcan mis tetas. Pero estoy tan excitada que me da igual. Busco la entrada de los cines y me dirijo hacia ella. Entrego mi entrada como subida en una nube y apresuro el paso camino de la sala cuatro.
Cuando entro, la sala está prácticamente llena. Es sábado por la tarde y el olor a palomitas impregna el aire hasta saturarlo. Miro la entrada y busco mi butaca. Al sentarme veo que las butacas a mi alrededor están libres. Mi amante ha escogido para mí una butaca en la antepenúltima fila.
Coloco el abrigo sobre mis rodillas y espero. Miro atentamente a todos y cada uno de los asistentes de la sala. No creo ver en ellos a mi amante. Son parejas jóvenes que comparten un cubo de palomitas mientras esperan que comience la película. Se apagan las luces y comienzan los promos de otras películas y los anuncios.
Cuando la sala está a oscuras entra un hombre y se sienta a mi lado. Me agito en la butaca mientras intento ver su rostro con disimulo. Él parece completamente ajeno a mi presencia y acabo por abandonarme a la película. Apenas han transcurrido diez minutos cuando el vibrador comienza a moverse en mi coño. Me sobresalto, intento mantener la compostura, seguir concentrada en la película. Nadie parece estar pendiente de mí. Todos miran la película. Pero el vibrador no se detiene. Al contrario. Se acelera. Siento que mi coño se empapa, que la humedad comienza a descender por mis muslos. Intento contener unos jadeos cada vez más fuertes.
Dejo escapar un leve gemido. La película avanza y el vibrador se detiene intermitentemente y vuelve a su trabajo de nuevo. Cada vez que lo hace mi coño se humedece aún más. Estoy tan cachonda que casi no puedo controlar mis caderas: empiezo a moverlas despacio, al ritmo que marca el consolador. Me excita saber que alguien me esté mirando y controle mi cuerpo de esa manera.
Cierro los ojos y me olvido por completo de la película unos instantes, dejándome llevar. El hombre que tengo a mi lado tiene que estar oyéndome!! Le miro, pero no puedo distinguir su cara, está demasiado oscuro. Está observándome con los ojos fijos en mí. En ese momento sé que es él. Sigo abandonándome a la situación cuando noto su mano sobre mi rodilla. Se inclina hacia mí y me susurra al oído: “Mi putita, debes estar muy cachonda con este consolador follándote...” No puedo contener un gemido.
Noto su mano ascendiendo por mi pierna. Cuando llega al final de mis medias se detiene unos instantes en el muslo antes de poner su mano sobre mi coño. En ese instante no puede evitar un movimiento de sorpresa al encontrar mi coño empapado, sin bragas y ocupado por el vibrador.
Empieza acariciarlo, a pasar sus dedos húmedos de mi leche por mi clítoris. Noto como mis tetas suben y bajan cada vez más aprisa bajo el corsé. Él también se da cuenta, y mete la mano por debajo de mi ropa y comienza a tocarme las tetas.
Mi espalda se arquea al contacto de su mano con mis pezones y un escalofrío de placer recorre mi cuerpo cuando los pellizca. El vibrador no para de moverse más rápido que antes y él no deja de tocarme de una manera que va ha hacer que me corra allí mismo.
Inclina la cabeza hacia mí y me susurra que quiere que me corra, porque luego le tocará a él. Me corro en ese mismo momento y sé que él nota cómo mis muslos están empapados de mi leche. Mientras dice esto, coge mi mano y la lleva sobre su bragueta. Noto su polla a punto de estallar dentro del pantalón.
Bajo poco a poco la cremallera y saco su polla del pantalón. Empiezo a acariciarla. La rodeo completamente con mi mano, que empieza a moverse rítmicamente de abajo a arriba. Ahora es él quien debe hacer esfuerzos para contenerse. Estoy tan cerca de él que puedo oír como su respiración se hace cada vez más profunda, más agitada. Estoy tan cerca que no puedo evitar acercar mi boca a su polla y empezar a comérsela.
Lamo la puntita de su polla, jugueteo con mi lengua, dejo que entre y salga, sólo un poco. Y de repente me meto su polla entera en la boca. Empiezo a hacerle una mamada, a meter y sacar su polla de mi boca. Sus respiraciones son ahora gemidos. Noto como su mano me presiona la nuca, como me agarra del pelo para que no deje de hacerlo. Le gusta llevar el control, él me marca el ritmo.
Su polla no para de entrar y salir de mi boca, cada vez más rápido. La noto tan dura dentro de mi boca, tan gorda y caliente, que sé que falta poco para que se corra. Estoy deseando que lo haga en mi boca. No paro comérsela hasta que noto como se revuelve en la butaca, como me agarra más fuerte del pelo. En ese momento, siento que su leche llena toda mi boca. Me encanta sentirla caliente dentro de mi boca. Le miro y jadea. La música de la película evita que nos oigan. Vuelvo mi cara hacia él aún con su leche en mi boca, tiene sus ojos clavados en mí, y me la trago.
La película ya casi ha acabado. Me giro para ver si alguien de la sala nos está mirando. Cuando me vuelvo, la butaca está vacía y él baja las escaleras hacia la salida. Me derrumbo rendida sobre la butaca. El vibrador hace un rato que ya no se mueve y mi coño va recuperando la calma y yo, la compostura.
Cuando la gente empieza a levantarse, me invade una sensación extraña. Una mezcla de deseo y curiosidad. Pero me relajo al pensar que mi amante desconocido tiene mi dirección, me conoce, y que podremos volver a disfrutar de más ratos como éste.
Espero hasta que la sala se vacíe antes de moverme. No queda nadie en el patio de butacas. Los últimos espectadores ya salen por la puerta cuando me levanto. Al desdoblar mi abrigo, un papel cae al suelo. Me agacho y lo cojo. Lo despliego y leo su contenido:
“¿Me llamas y me lo cuentas? Marc.”